Con su obra el escultor Miguel Condal, quiere expresar un sentido homenaje de agradecimiento a la Tierra y sus dones, al presenciar como el ser humano de manera brutal e insensible expolia la naturaleza únicamente en función de su valor económico de mercado.

La finalidad que pretende el escultor, es acoger de nuevo el mineral y devolverlo a su situación originaria que es la Tierra, creando una unidad propia de armonía y belleza para despertar el interés del espectador y conseguir el respeto a las distintas formas con las cuales se nos manifiesta la Tierra que nos sustenta.

Con el moldeado de la tierra el escultor participa en la creación de un puente entre el mineral y el ser humano y así facilita al individuo un canal energético que le permita establecer su personal conexión con su creencia de divinidad, posibilitando de esta forma la comunicación entre su parte física y su parte espiritual.

Con ello se habrá contribuido a estimular:

El amor universal, basado en el respeto a toda manifestación de vida a cualquier nivel.

La paz interior, de saber entender el aspecto apoyador en todo lo que nos envuelve y saber que estamos donde debemos estar.

La alegría de disfrutar la armonía y la belleza que nos ofrece este planeta.

El conocimiento que nos  permite relajándonos, entender que el ser humano no es el que gobierna los elementos de la vida, que éstos son un misterio y que nosotros así lo incorporamos en las acciones de nuestra vida.

La salud, que ayuda a nuestro cuerpo a restablecer el equilibrio de su vibración energética.

 

Cuándo y cómo se consiga, dependerá de cada uno de nosotros y de nuestras creencias.